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    January 21

    Los pinos de la N 232 y la autovía

                                                           

                

    Ayer, camino de Zaragoza, vi cómo habían arrancado unos pinos que crecían a los lados de la carretera.
    -¿Y, esto?- pregunté.
    -Es para hacer la variante, me respondieron.
    En mi cabeza y en mi corazón se agolparon varios sentimientos. Por una parte me gusta la idea del desdoblamiento de la N- 232. Es más, me gustaría que no sólo lo hicieran hasta la frontera de Navarra con La Rioja. Quisiera que nuestro Gobierno fuera tan eficiente como el Navarro y decidiera, algún día, que es conveniente invertir en la autovía. Que nos atraviesa una carretera excesivamente cargada de tráfico de camiones y que habría que intentar que fuera un poquito más segura.
    Sí, yo quiero, rápidamente, una autovía.
    ¿Cómo hacerla sin destruir la franja de pinos que tantos años ha costado que crecieran? Pues eso es imposible. Así que toca sacrificar una cosa por la otra.
    Los pinos en cuestión llevan ahí, para mi, toda la vida. Recuerdo cuando tenía 7 años e iba a hacer la primera comunión. Mi madre me llevó varios días a Tudela a probarme vestidos, a comprar zapatos. Tambien compró, para la ocasión, un "tresillo" tapizado en tela roja jaspeada en negro. Era un sofá de tres plazas y dos sillones orejeros . Hoy, tras varios tapizados, todavía sigue en casa de mis padres y parece que puede durar etérnamente. Antes las cosas no se hacían de "usar y tirar". Tenían que servir para muchos años. Era una inversión fuerte. No podía hacerse cada poco tiempo.
    Los pinos estaban, sin embargo, ahi antes que el "tresillo". Los acababan de plantar cuando nosotras hacíamos el viaje en el autobús de la tarde. Eran minúsculas ramitas verdes que adornaban la tierra gris de los que ,despues supe ,se llamaban "Montes del Cierzo" .
    Ahí estaban. La lluvía del cielo los iba regando. Han ido creciendo conmigo y yo, la verdad, no los he tenido en cuenta. Formaban parte del paisaje habitual y, como tal, me pasaban desapercibidos. Hubiérase dicho que permanecerían ahí, como el tresillo de mis padres, etérnamente.
    Pero no ha sido así. Y hoy los miro con tristeza. Costó muchos años que crecieran y en un par de días los han arrancado. Ya está toda la tierra removida, las raices fuera, los troncos ,pelados y serrados en trozos regulares, apilados en montones. La franja verde ha desaparecido.
    El paisaje está cambiando. En unos meses tendremos otro tramo de autovía que nos dará más seguridad cuando viajemos.Ya nadie se acordará de los pobres pinos que habrán ardido en alguna chimenea o serán un montón de palillos o habrán hecho con su madera planchetas para la fruta.Y, poco a poco, nuestros ojos se acostumbraran al nuevo paisaje y, un poco más tarde, nadie pensará que allí pudiera haber habido otra cosa que no fuera una  carretera llena de coches y camiones.
    ¿Donde encontramos un hueco para plantar otros árboles? ¿Quien tiene en su casa espacio para plantarlo? El hormigón y el asfalto nos acorrala . ¡ Si al menos lo que queda de monte lo supieramos conservar !