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    February 07

    Eso ... son nervios, Señora

                                                            
     
    Hace dos semanas, fui al médico a pedir volante para la revisión ginecológica anual. Aproveché para que me recetara unas pastillitas que, de vez en cuando, tomo para tranquilizarme, por ejemplo, cuando tengo que ir al ginecólogo o a hacerme una mamografía, o cuando mi hijo no ha venido en toda la noche y llega el día y no puedo más...
     
     Llevo años con ellas en casa y no habré gastado más de dos cajas. Esta es la tercera.
    Con mi volante en la mano pedí vez en admisión: "ya le avisarán", pero no me dijeron cuando. Así que me armaré de paciencia, como siempre.
     
    Al salir me dió por mirar el papelito que llevaba y vi que , en un lado, había un pequeño historial de todas las causas que han motivado mi visita al médico en los últimos años: "Otitis, faringitis,catarro, golpe (ver contusión pie derecho), revisión gine, anemia ferropénica".
     
     Aqui termina el resumen y lleva fecha de 27.05.03. Una no suele llevar cuenta de estas cosas, pero ya que te las dan anotadas, haces tus cálculos y concluyes que fue, justo un año antes, cuando empezó la historia: en el 2002.
     
    Aquella tarde estaba sola en casa. Era primeros de junio y los niños no tenían clase ya por la tarde ,esperando el final de curso. Mi hijo, que siempre comía con mi padres, se había marchado ,con ellos y con sus primos,a pasar la tarde al campo. Ya hacía calor. La casa estaba un poco en penumbra para evitar el sol que entraba por el balcón.
     
    De pronto, algo se movío dentro de mi pecho. Fue un golpe, otro, después la sensación de que todo se paraba. Era mi corazón quie acababa de darme un buen susto.
     
    Me senté en el sofá y miré la tele. Pero aquello no cesaba, era contínuo. Me puse muy mal, me asusté y todavía me puse peor.
     
    Así pasé la tarde, acostada, apretándome el corazón para que no se me saliera. Cuando bajó un poco el sol, salí a dar un paseo. Andando me encontraba mejor. No sentía esos cambios en el ritmo . Todo se había igualado un poco.
     
    Llegó la noche y, con la tranquilidad de la casa, los latidos se oían más. Bueno, sólo yo los oía. Fue una noche de miedo. No pegué ojo ni un minuto. Me acosté al amanecer y, cuando sonó el despertador para ir a trabajar y salté de la cama, me caí. Entonces llamé a mi hijo:
     
    -"Cariño, llama a papá y dile que avise a urgencias. Estoy muy mal"
     
    El niño hizo lo que le mandé. El caso es que, "tuve suerte". Aquel día era martes y, casualidad, le tocaba venir al cardiólogo a mi pueblo. Así que, como pude, fui hasta el ambulatorio.
    La enfermera me puso un montón de ventosas por el pecho, me ató correas, me enchufó cables y alli estaba la aguja subiendo y bajando, subiendo y bajando, marcando el ritmo de mi corazón.
                                         
    -"Señora, usted va a estallar. ¡ Qué barbaridad ! ¡ Que cantidad de pulsaciones ! ¡Tranquilicese, mujer, que le va a dar algo!. No se aprecia ninguna anomalía en su corazón, lo que usted tiene es otra cosa. Es un problema psicológico.
     
    Y, a continuación, se puso a escribir el informe para el médico de cabecera:
    -"Recomiendo se le inyecte Valium Forte para que duerma y se tranquilice"  
                                                                                                                                                    
     
    Me fui con los resultados al médico y éste ,según leía, dijo: "que bruto". Bueno, te voy a mandar algo más suave. Se llama Orfidal. Tomarás, media, media y una para dormir. Ya verás cómo te tranquilizas. Además haremos análisis de sangre y de hormonas, no vaya a ser que el tiroides te juegue una mala pasada"
    Yo le hice caso. Pero seguía escuchando mi corazón en cualquier momento en que me quedaba quieta. Sólo que, como por las noches dormía como un tronco, la vida era más soportable.
    Los análisis salieron bien y, no se cómo, resultó que la taquicardia desapareció
     
    -¡Vaya! pensé, resulta que va a ser verdad que los nervios tienen la culpa de muchas cosas, pero -me greguntaba- ¿por qué demonios estoy nerviosa? . Es más, no estoy nerviosa, ni lo estaba entonces.
     
    Mi vida siguió tranquila, sin apenas recordar aquel episodio. Pero al año siguiente volvìó a ocurrirme y volví a hacer el mismo recorrido, sólo que, esta vez, no pasé por el cardiólogo y mi médico me mandó repetir las pruebas y amplió el análisis de sangre  y...¡ Bingo! . Alli estaba. La Ferritina (protéina que almacena el hierro) estaba a la mitad de lo que se consideraba normal. En definitiva, tenía Anemia ferropénica y no problemas psicológicos.
     
    Todo se arregló con unas grageas de hierro que tomé durante un més y después sólo cuando tenía la regla.
    Y entonces vinieron a mi mente tántas respuestas resignadas de personas que, como nadie se había molestado en llegar al fondo del asunto, te decían que "eran nervios", que no les encontraban nada, pero que ellos seguían estando igual de mal.
                                                                                  
    Yo siempre he creido que, cuando alguien se queja, es que algo le duele, algo no le funciona. Lo que no pueden es engañarnos con patillitas tranquilizantes para quitársenos de encima. Después vienen recomendando que no nos automediquemos.  Y ¿que diferencia hay entre que te manden algo que no necesitas y tomar algo que en otra ocasión te ha ido bien? Al menos ya sabes que efectos produce en ti.
    Pero, no me hagais caso. Sed juiciosos y seguid los consejos del médico.