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    March 20

    Mi ventana, la nieve, la cigüeña y yo

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    Por fin, sin esperarlo, ha nevado en mi pueblo. Aqui no hacemos caso de las previsiones meteorológicas cuando anuncian nieves por debajo de 400 metros.¡ Total ! ¡ Nunca nieva ! Ha llegado a nevar a nivel del mar y aquí no ha caído ni un pequeño copo. Por eso hoy nadie lo esperaba. El viento sopló ayer con mucha fuerza. Esta noche también.
    Eran las 5,30 de la madrugada cuando me he despertado. Ya tenía yo claros síntomas de no poder volver a cerrar los ojos. No aguanto en la cama despierta, así que me he levantado. 
     Siempre dejo la persiana subida por las noches.Me gusta que, cuando alguien camina por la calle y mira hacia arriba, imagine que, detrás de esos cristales, tras esas cortinas, envueltas por la luz acogedora de una lámparita, hay personas disfrutando de una cálida velada. Las casas con persianas cerradas me producen una mala sensación. No adivino vida tras ellas.Cuando entro en alguna ciudad de noche, lo primero que llama mi atención son las ventanas. Miro hacía ellas y trato de descubrir donde está esa luz tenue y cálida que a mi me gusta. Alguna vez la encuentro y envidio a quienes están dentro. No me gustan las luces de techo. Manias, lo se. Me resultan frias. Por eso mi casa está llena de pequeñas lamparitas en cualquier rincón. La ultima opción es encender la luz del techo. 
    La persiana levantada, cuando la noche está entrada y casi todo el mundo duerme, me permite orientarme. Me tranquiliza, me guía. Así, hoy, cuando opté por dar mi noche por concluida y aceptar que  mi nuevo día había comenzado, fui hacía el cuarto de estar. Me aproximé al balcón, comprobé que los cristales estaban helados y...... ¡ Oh, bendición ! ¡ Había nevado ! No mucho, la verdad, pero resplandencían los tejados y los coches. Seguía soplando con fuerza el viento, bramaba y el ruido entraba por los respiraderos del baño. Noche desapacible, terrible para estar fuera.
    Mis ojos han mirado al frente,hacía arriba y allí, como si fuera de marmol, sin mover ni pico ni pata, sin despeinarse - ni una pluma se le movía- había una cigüeña posada sobre una antena de televisión. ¡ Claro ! ellas tienen un sistema de protección que no tenemos nosotros, pero ¡ caramba ! daba penita verla allí expuesta a todos los vientos.   
    La he observado durante un buen rato antes de ponerme a leer.Allí estábamos las dos. Frente a frente. Solitas . ¿Estaria ella tambien despierta?
    Cuando he visto que ya era momento de levantarse,  he desayunado y ¡ hala ! ¡ a trajinar ! 
    Ahora nevaba con fuerza, la nieve venía racheada y manchaba los cristales de mi cocina. Alli estaba, todavía, la pobre cigüeña.
     Me llama la atención que esté tan despistada cuando, en este pueblo, lo que sobran son nidos. En cada iglesia, en cada chimenea abandonada, en cualquier lugar, hay montones de ellos. Están en grupos. Y ¿esta? ¿ qué hacía aqui tan solitaria? No entiendo del comportamiento de las cigüeñas a pesar de que llevo muchos años conviviendo con cientos de ellas. Tendré que preguntar a algun entendido en la materia.
    Todavía la he mirado un ratito más, como diciéndole:
    ¡ Epa ! Aqui estoy yo, acompañándote. ¡ Mala noche hemos tenido ! ¿ Eh ?
    Y, antes de retirarme, he querido guardar su imagen.
    A estas horas luce el sol tímidamente. Vuelvo a mirar por la ventana y la cigüeña ya no está.
    ¡ Que tengas buen día, compañera !