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5月19日

Por los sotos del Ebro

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Llueve. Más bien llovizna. No ha parado en todo el día. Si yo fuera mas decidida ahora mismo abriría mi paraguas y me iría por ahí a caminar. No se por que no lo hago, después del remojon de ayer....

 Llam´o mi amiga Charo después de comer para ver si me apetecía dar un paseo.

-¡Si, como no! Únicamente que parece que nos va a llover.

- Bueno ,llevamos paraguas y chubasquero.

El cielo se estaba poniendo oscuro pero no parecía que la cosa fuera a ser grave. Hacia una temperatura que, ni frio para chaquetón, ni  suficiente temperatura como para ir con un simple jersey. Se me planteo el mismo dilema que para salir a la calle cuando llega el llamado “entretiempo”. Siempre me pilla sin nada. No se si a los demás les pasara, pero a mi la primavera me coge siempre sin ropa que ponerme. En realidad luego no es para tanto, porque lo mismo te cueces un día y al siguiente te pasmas y puedes seguir utilizando tu chaquetón del invierno que todavía no has guardado del todo.

Por fin encontré la ropa y calzado que me parecían apropiados para el paseo y, cuando llego la hora, cogi  mi paraguas y me encamine  hacia el punto en que debía encontrarme con mi amiga. Era justo al final de la calle donde estaban instalados todos los tenderetes que, con motivo de las fiestas de primavera, habían acudido a mi pueblo. También había encierro,- a las 5 de la tarde- pero un buen rato antes ya están los empleados del ayuntamiento colocando los maderos por las calles. Para cuando yo baje ya estaban cerrados. Menos mal que todavía me conservo ágil y no estoy muy gorda y pude meterme por el hueco de dos tablas. La lluvia iba arreciando. Los pobres moritos y ecuatorianos y peruanos….achicaban el agua del techo de sus puestos como podían. Allí estaban todos los vaqueros colgados, todas las camisetas, bolsos, collares, pulseras y anillos….todo estaba en su sitio. Me daba pena ver como se había estropeado el día. No se si venderán mucho o poco, pero supongo que cuando hay interés en acudir a todas las fiestas y fiestitas será porque algún beneficio sacan. En esos momentos la calle estaba desierta. Solo yo -¿Dónde ira esta loca con lo que esta cayendo?- caminaba por el medio de la calle flanqueada de puestos vacíos con los vendedores cobijados bajo un plástico.

Mientras andaba pensaba en que “menuda ocurrencia habíamos tenido”. ¿No habrá mejores días en todo el año para salir con una amiga a dar un paseo hasta los Sotos del Ebro?

Por fin llegue, pero mi amiga, era de esperar, no estaba. La puntualidad no es una virtud en ella. Busque un portal con suficiente hueco para guarecerme del chaparrón  y espere. Alguien vino a cobijarse allí mismo y me miro sorprendido. ¿Vas a pasear? Si, hijo, si, y encima parece que me han dado plantón.

Esta vez el retraso tan solo fue de 20 minutos. No voy a quejarme. He esperado mucho más por ella. Cuando  por fin apareció  le dije que de esa manera no podíamos salir. ¿Dónde ir? Las calles cortadas, no había acceso a ningún lugar donde se pudiera tomar un café en espera de que aquel diluvio cesara y no había visos de que ocurriera. La lluvia formaba pompas al caer el suelo. Mi madre siempre me decía de pequeña que, si veía que la lluvia hacia pompas en el suelo, eso significaba que iba a llover mucho.

Hombre, no se si eso será verdad. Llovió todavía durante media hora más y después paro. Así que, una vez en la calle y preparadas para la caminata nos fuimos bajando poquito a poco hacia el Ebro y estaba precioso el paisaje. El río había crecido mucho, olía a hierba mojada, a flores, se escuchaban trinos de pájaros diferentes. Las gotitas brillaban y hacían temblar las hojas. Fue una delicia pasear con ese ambiente. Todo estaba limpio y el verde, nuevo, fresco,recien estrenado, en todas sus tonalidades, inundaba el paisaje. Mientras caminábamos no paramos de hablar, aunque confieso que a mi me gusta mucho mas ir en silencio y mirar y llenarme los ojos  y canturrear por lo bajo, pero la circunstancia era otra.

Dos horas empleamos en hacer el recorrido que nos devolvió, las botas llenas de barro, a nuestro punto de origen. Volví oxigenada, volví cansada, pero lo justo para sentirme relajada y disfrutar de un agradable hormigueo cuando me senté.

Deberíamos repetirlo mas veces pero no se  cuando se volverán a dar las circunstancias apropiadas para que las dos coincidamos. Mientras tanto yo seguiré con mis paseos, aunque sean por mi habitual circuito urbano. Pienso que  son muy buenos para la mente y ahora necesito mantenerla en condiciones.