bella_pilar's profileLa hora brujaPhotosBlogListsMore Tools Help

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    September 11

    Diario de mis vacaciones (2)

    ¿Quien borra las huellas que dejamos al andar?
    Camino por zona pedregosa. Camino con cuidado para no torcer mi pie derecho. Hace cuatro años tuve un esguince y cualquier pequeño relieve en el suelo hace que se resienta. ¡Cras, cras!  -suenan mis pasos conforme avanzo. Un tractor se oye a lo lejos. Ni rastro de personas por los campos.No se dónde se meten .
     Para no tropezar, miro hacia el suelo. La gravilla, poco a poco,  va dejando paso al polvo. Veo un montón de huellas entremezcladas. Las hay de diferentes modelos: con círculos, líneas horizontales, verticales. Unas hacen zig zag, otras ondas....Por curiosidad, piso fuerte en la tierra y contemplo la huella que deja mi zapatilla: ¡Rombos! Pero ¿dónde están? No hace ni veinte minutos pasé por aquí.Anduve un paso detrás de otro. No vi a nadie que viniera detrás de mi. Con nadie me crucé en el camino. ¿Qué fue de mis huellas? Vuelvo a pisar con fuerza. Levanto el pie y aparece su silueta, adornada de rombos,marcada sobre la arena. La dejo atrás, pero no encuentro nada que se le parezca. Me siguen persiguiendo las mismas señales: círculos, líneas horizontales, verticales, zig zag, ondas.....Incluso veo el rastro que dejó un perro en mitad del camino. "Reciente. No debía ser muy grande.Algún perrucho de esos que, en cuanto me huelen, se ponen a ladrar. Mañana estará en el mismo sitio, si alguien no lo pisa antes"
     Pero sigo sin encontrar mi huella. Me detengo, doblo una pierna, levanto el pie y miro la suela de mi zapatilla. Efectivamente, son rombos, pero algunos están muy desgastados. Busco una explicación y me digo que, quizá, paso deprisa por los caminos, con pasos suaves, sin tiempo para que mis gastadas zapatillas puedan dejar una señal reconocible.
    Sigo caminando. Después de todo ¿qué más da que estén mi huellas o no? ¿A quien le importa de quien son las  que uno encuentra por los caminos?
    Mañana vendrán otros caminantes que, en su ir y venir, borrarán las que hoy dibujamos.

    September 10

    Diario de mis vacaciones(1)

    Por fin, cuando todo el mundo se ha reincorporado a su trabajo, yo empiezo a disfrutar de mis vacaciones. Desde hace un montón de años, es decir, desde que tengo el trabajo que tengo, no las espero ansiosa. Eso era antes, cuando ir cada día al trabajo era una tortura. Por eso, tener un trabajo en el que estes a gusto es fundamental. Pasamos gran parte de nuestra vida en el. Mucha culpa de nuestra felicidad o infelicidad está ahi. Yo recuerdo con horror aquellos domingos desde marzo de 1977 hasta octubre de 1984. Era terrible coger el tren en Castejón para ir a Pamplona, porque ello suponía que me quedaban 6 días (entonces todavía se trabajaba los sábados por la mañana) de angustia. Y no porque tuviera un trabajo agotador. Nada de eso. Era más bien al contrario. Apenas habia nada que hacer, pero tenías que disimular como si lo hubiera. Si no, ¿qué pintaba yo alli? Rapidamente me hubieran echado y, en aquella época, necesitaba el trabajo para vivir. Hoy tambien, pero un poco menos. Entonces estaba empezando a vivir, ahora, tengo casi todo hecho.
    Bueno, pues el caso es que ya estoy de vacaciones.Como dije arriba, he empezado a disfrutar de mis vacaciones, aunque haya quien crea que ¿para qué demonios se habra cogido esta llas vacaciones? ¿Para quedarse en casa? Ya he tenido que responder varias veces : "No, no me voy a ningún sitio. Me quedo en mi casita. A gusto. Feliz. " Algunos me alaban el gusto- no se si es por quedar bien- pero la mayoría me mira con cara de extrañeza:"¿Y eso?... ¿No te gusta viajar?.... Pues te veo más inquieta intelectualmente que lo que me dices?"........ Esta es la última perla que he tenido que escuchar y aguantar. Y, ante semejante comentario ¿qué contestas? En fin, opté por callar, sonreir, encogerme de hombros y decir: "Bien, te dejo, voy a hacer una visita a mi madre".
    Y, realmente, no hago nada especial. Y, tambien es posible que, a veces, se me haga largo el día. Hay que tener en cuenta que yo, trabajo doméstico, apenas tengo. Tantos años dándole a la escoba, al estropajo, friendo y guisando, me han dado una soltura tremenda. Hoy en día me lo encuentro todo hecho, en un pis pas. Así que lo que hago, para diferenciar mis días de vacaciones con los que no lo son, es ir a pasear en cuanto hay luz en el cielo. Y ando y voy cantando por el camino. Camino de prisa, a mi ritmo, como siempre. Veo mi silueta reflejada delante de mi. El sol me pega por la espalda. Sigo caminando. Voy por caminos de tierra. Veo frutos colgando en los árboles: manzanas rojas, amarillas -creo que están ya a punto de recoger- rosales que cuelgan de los muros de las huertas, emparrados que sombrean una casilla en el campo. Tuerzo el camino. El sol me pega por la izquierda. A mi derecha, mi sombra me acompaña. "Me voy encorvando. ¡Fíjate, fíjate!, yo antes iba más recta." Procuro enderezar y rectificar el gesto. Levanto los hombros, estiro el cuello, miro hacia el cielo. "Así, un poco mejor". ¡ Que cosas ! Pero en cuanto me relajo un poquito vuelvo a la posición más cómoda: me encojo, me agacho, miro hacia el suelo. mi espalda se curva un poquito y sigo caminando, disfrutando de la frescura de la mañana. El día será fuerte de calor, pero yo habré tenido la oportunidad de gozarlo cuando el rocío todavía mojaba los pies.